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martes, 21 de octubre de 2014

¿QUIEN VIVÍA AQUÍ? EL PALACIO DE LOS MEDINA SIDONIA

  Hace tiempo escribí sobre las Casas Solariegas existentes en Córdoba
(http://nosololamezquita.blogspot.com.es/2013/08/las-casas-solariegas.html). Una de estas casas está situada en la calle Rey Heredia Nº13, es facil de reconocer por su fachada frontal de arcos de medio punto, y sobre la cual, se puede ver un escudo de armas, que nada tiene que ver con el de sus dueños originales.

          Una vez situados ante tan majestuoso símbolo de poder, tanto para el cordobés que desconozca la historia de la casa, como para aquel turista que pretende perderse ante las maravillas que las calles de la Judería esconde, quizás se pregunte, ¿quién vivió allí? La respuesta, aunque sencilla, esconde una gran historia. Esta casa fue en su día el Palacio de los Medina Sidonia.

         
Árbol genealógico hasta Enrique de Castilla por la rama materna
Debemos remontarnos a la época de la reconquista de Córdoba, año 1236, y hacer una breve recopilación desde entonces para que se entienda mejor la importancia de este lugar. Fernando III el Santo hace un repartimiento de la ciudad entre aquellos nobles que ayudaron a reconquistar la ciudad. El 24 de julio de 1237 lleva a Domingo Muñoz el Aladid a recibir un palacete árabe que el rey Santo bautizó como Casas Altas. Domingo, sin embargo, donaría estas casas a su hija Doña Oragilda, cuando esta se casó con Fernán Nuñez de Temez,

            A finales del siglo XIII este antiguo palacio árabe perteneció a Alfonso Fernández, (hijo de Fernán Alfonso y Urraca González, y nieto de Fernán Nuñez de Temez y Oragilda Muñoz) y a su esposa Constanza Álvarez. Tras la muerte de Alfonso Férnandez y su esposa sin descendencia, el palacio pasó de nuevo a Fernán Alfonso, quien lo donó a su hija Juana Fernández.

             Juana Fernández se casó con Gómez Férnandez, segundo Señor de Santa Eufemia teniendo de ese enlace una hija, María Gómez Carrillo, que se casó con Alfonso de Sousa, Alcalde mayor de Córdoba, heredando de esa forma el palacio conocido como Casas Altas.Y es aquí cuando el nombre de Casas Altas cambiará a Palacio del Duque, y posteriormente a Palacio del Duque de Medina Sidonia porque este Palacio mudéjar del siglo XIV, perteneció a Enrique de Castilla, Primer Duque de Medina Sidonia, Conde de Cabra entre otros títulos.

            Este Enrique de Castilla es el hijo bastardo de Enrique II de Castilla y la dama cordobesa Juana de Sousa, nacido en el año 1365, el cómo y el donde se conocieron es algo que se desconoce, pero si se sabe que Juana de Sousa fue la hija de Vasco Alfonso de Sousa, y María Gómez Carrillo. Este sería el segundo hijo de esta relación extramatrimonial.

A la izquierda está el escudo de Enrique de Castilla
         En 1380 recibiría el título de Duque de Medina Sidonia, siendo este el primero de tan noble casa, y debido a los vínculos maternales que le unían a la ciudad de Córdoba, estableció aquí su residencia. Poco se sabe de la vida de este hijo bastardo, entre lo que se conoce destaca su escudo de armas, una evolución del escudo de los Sousa, y nada tiene que ver con el blasón que se encuentra en la fachada principal del hogar. El tema de que muriera sin descendencia hacer ver la posibilidad de que los genealogístas de la época no le dieran importancia a la vida de este hijo.

         
Sin embargo, se sabe que tras su muerte sin descendencia en 1404 la herencia recayó sobre su madre Juana, y una vez muerta ella en 1442, el palacio mujéjar paso a formar parte de la rama Sousa, a favor de su sobrino Juan Alfonso de Sousa y su mujer Isabel Fernández, hasta que en 1569 la propiedad (que por aquel entonces ya estaba dividida entre la casa nº9 y la casa nº15) fue vendida a Don Diego Lopez de Haro, (Diego de Haro y Portocarrero primer Marqués del Carpio) y permaneció ligada a esta casa hasta el año 1590, cuando fue vendida Rodrigo de Armenta, dando pie a la estancia a una nueva estirpe nobiliaria cordobesa. El escudo que se vislumbra en la fachada es el de los Armenta, hubicado en la fachada sobre el año 1636, gracias a las obras realizadas por el Arcediano Damian de Armenta. Tras la muerte de este poco se sabe de sus huéspedes, tan solo que en 1838 pasaría a manos de Juan Antonio Conde, y que en 1975 pertenecía a Enrique Merino.

         Y es de esta forma como un palacio de época islámica ha pervivido hasta nuestra época, viendo pasar los siglos ante sus numerosos y distinguidos inquilinos, sabiendo mantenerse impasible tras tantas reformas. Para mi, una joya patrimonial que trae mucha historia y que pocos conocen.

            

lunes, 6 de octubre de 2014

CÓRDOBA A TRAVÉS DE SUS ESTATUAS: EL DUQUE DE RIVAS

     Queremos abrir una nueva sección dentro de nuestro blog. Una mirada de Córdoba a través de sus estatuas. Para abrir esta nueva iniciativa nada más y nada menos que el Duque de Rivas. Pero ¿Quién es este personaje? ¿Y por qué se le hizo una estatua en su honor?.
     Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano fue un escritor nacido en Córdoba allá por el año 1791, fue el III Duque de Rivas ( uno de los grandes títulos de nobiliarios de España). Nació en la casa situada en la calle Ángel de Saavedra, la casa que después sería comprada por los Carbonell (hoy sala de exposiciones de Vimcorsa). 
  
     Este hombre combatió en la guerra contra los franceses en 1809, dedicándose después a la literatura. Perseguido por el regimen absolutista de Fernando VII se exilia en Gibraltar, y de allí marcha a Inglaterra, donde permanecerá hasta la muerte del rey en 1833. 

    En 1836 fue nombrado Ministro de Gobernación, aunque es acusado de retrógrado y vuelto a marchar al exilio, hasta que de nuevo puede volver a España, y en su afán político, vuelve como Senador por Córdoba y embajador de España en Nápoles  entre los años 1844 y 1850. De aquí a su muerte en 1865 sería miembro de la Real Academia de la Historia, la Real Academia de Bellas Artes, y durante dos días, fue Presidente del Gobierno. 

    La estatua del Duque de Rivas se encuentra emplazada en el los Jardines de la Victoria, junto a la Pérgola y cualquier persona que lo desee podrá ir a contemplarla.