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martes, 21 de febrero de 2017

DEL DESAMPARO A LA DESTRUCCIÓN HAY UN PASO. EL CASO DE LAS ALCUBILLAS

    Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y cuando se pierde, difícilmente puede volver a recuperarlo. ¿Porqué no se le da el valor que se debe tener por los monumentos? ¿Porqué cuando algo nos deja de interesar o ser útil, en lugar de sacarle otro provecho lo denostamos y olvidamos hasta el punto de que nos molesta y debemos destruirlo? ¿Cuál es el legado que vamos a dejar a futuras generaciones? 
   
     Son infinidad los hitos patrimoniales que han sucumbido al olvido y a la destrucción del hombre. En Córdoba tenemos muchos ejemplos, algunos, ya los cité en un antiguo post de marzo de 2014, pero pienso que no está de mal retomar esta idea y profundizar en aquellos hitos que muy pronto dejarán de estar entre nosotros y recordar otros que nos dejaron para no volver (aunque nos pudiera quedar algún dibujo o fotografía del mismo).

     Ocho, son los monumentos que Córdoba y provincia tiene en la lista roja del patrimonio. Si ya uno solo es indigno, imagínense ocho. Me centraré en lo correspondiente a la ciudad, pues se de buena tinta que algunas asociaciones, como la Asociación Defensores y Amigos del Puente romano de Villa del Río están haciendo un trabajo excepcional para conservar su puente. Aquí en la ciudad sólo tenemos las Alcubillas, pero son tres. 

Alcubilla Hoja Maimón
Alcubilla de la Palomera
     ¿Alcu qué? ¿Qué son las alcubillas?, es la primera vez que leo sobre esto. Las alcubillas cumplían una misión muy destacada, la gestión del agua en las ciudades. Este tipo de construcción, realizada en ladrillo, pertenecieron a un basto número de alcubillas que existían en la ciudad, quedando sólo estas tres en la actualidad. Su función era muy clara, repartir el agua de los distintos veneros reconduciéndolas a la ciudad para hacerlas llegar a las distintas fuentes y a las casas nobles de la época. En Córdoba, la unidad de medida que se utilizaba era la Paja de Agua, que correspondía a unos 3,8 litros por minuto. El Ayuntamiento fue eliminando sistemáticamente estas alcubillas quedando solamente las tres que tanto he mencionado: La de la Palomera (cuya asociación está defendiendo su conservación) la de San Basilio y la de Hoja Maimón (junto a Sadeco). Encontrándose todas ellas en un mal estado de conservación y a con riesgo de derrumbarse, o que la eliminen como ocurrió en 1962 con la alcubilla de la puerta de Almódovar que se encontraba donde hoy se encuadra la estatua de Séneca.
Desaparecida Alcubilla de la Puerta de Almodovar
Alcubilla de San Basilio

     











Por desgracia el patrimonio y la cultura es algo que no está bien visto en estos tiempos. Todo vale para destruir un hito que ya no nos sirve y que incluso  molesta si se considera que la ciudad debe de avanzar. Y si no puede destruirse, se dejará olvidado hasta que caiga por su propio peso. ¿Acaso nos olvidamos del deplorable estado de conservación del Alminar de San Juan? Único Alminar del siglo X en pie, olvidado igualmente por nuestros políticos durante años. ¿Qué se hizo con la muralla romana frente al compás de San Francisco? El Arco del Portillo aún espera respuesta (como también denunciamos en otro post hace tiempo). ¿Acaso pretendemos que caigan los hitos en el olvido? ¿Saben los niños de hoy día donde se encontraba la Iglesia de San Nicolás de la Axerquía?, ¿Cómo eran las puertas de las murallas?, ¿El Arco de Isabel II?, ¿Qué hubo debajo del Paseo del Gran Capitán?. Y así un sinfín de monumentos desaparecidos, de los cuales hablaremos profundamente desde No Sólo la Mezquita.

    Quisiera acabar haciendo hincapié en que no permitamos que parte de nuestro legado caiga, y se olvide, dejemos el legado que nos hizo ser la ciudad que somos para que las generaciones futuras sepan lo que fuimos.


miércoles, 15 de febrero de 2017

LA FIEBRE AMARILLA QUE LLEGÓ A CÓRDOBA

    La ciudad no se libró de aquellas epidemias que asolaron Andalucía, la más fuerte que sufrió la urbe fue la peste que diezmó la población en el siglo XIII. No obstante, la conocida como fiebre amarilla no fue más amable y también dejó su huella en el entramado cordobés.

      ¿En qué consistía la fiebre amarilla? Según un texto recogido de la época "La enfermedad consistía en gravazón de cabeza, en sienes y ojos, dolor en las caderas y lomos, a lo que seguía calentura moderada con signos de plétora y postrazón de fuerza y pulso pequeño, indicio no dudoso de su malignidad, los vómitos atrabiliarios, las hemorragias por la nariz y por encías manifestaban la disolución, así como las ansiedades, delirios y otros síntomas nerviosos los atribuían a la debilidad de los pacientes... Al fin, siendo teñidos de pajizo los vómitos y los excrementos de algunos enfermos, y ellos mismos antes y después de muertos cubiertos del mismo color, convinieron que era la fiebre amarilla".

    Tras los trabajos de investigación publicados por Arejúla podemos saber que procedente de las Américas tres navíos: la polacra "Jupiter", las corbetas "Aguila" y "Delfín" llegan al puerto de Cádiz en julio de 1800. El foco de la también llamada vómito negro se inició en el barrio de Santa María de Cádiz propagándose de forma virulenta hasta Sevilla. Ciudades como Córdoba empiezan a tomar medidas, siendo la primera de ellas el cierre de la ciudad (algo muy normal cuando se trata de epidemias). 

     Pero en el año 1804 surge un nuevo brote de esta epidemia. En Córdoba el foco se inició en la Axerquía, en la calle Almonas (hoy día esta calle recibe el nombre de Gutiérrez de los Ríos), en el barrio de San Andrés. Algunos historiadores piensan que esta enfermedad vino dentro de un cargamento de lino, otros sin embargo piensan que la transmisión llegó a través de las larvas de unos insectos, y estas se formaban en las orzas donde las clases menos pudientes guardaban sus alimentos.

    Pero donde si se ponen de acuerdo todos los historiadores es que este foco se inició el 4 de septiembre de dicho año, y tras enfermar los miembros de esa zona, la enfermedad se expandió por todo el barrio de San Andrés, llegando a los barrios colindantes. Antes de que fuera demasiado tarde, las autoridades decidieron crear muros para concentrar el foco en una sola zona, dejándola aislada del resto de la ciudad. Se crearon postigos que servían de avituallamiento para estos vecinos que se encontraban en cuarentena. 

     El 26 de noviembre de dicho año se puso fin a la epidemia, se realizaron ofrendas a las parroquias, y se celebraron fiestas en honor a este acontecimiento, aunque el saldo final fue de más de 1500 fallecidos.